“Los hijos de puta, hay que matarlos, hay que exterminarlos. Así de sencillo, aunque suene un poco duro los derechos humanos, la prensa internacional“. El atentado en la calle Tarata había producido el deseo humano más primitivo: la sed de venganza. La gente en la calle lo decía, los políticos ante la prensa y hasta un conocido presentador de televisión lo justificaría años más tarde como “un precio a pagar“.
El ministro de Economía Carlos Boloña y el Premiere Oscar De la Puente Raygada, entre diversos juristas y periodistas, comentaron la posibilidad de que se implemente la pena de muerte para los terroristas, ante los reclamos en la marcha por la Paz convocada por el atentado en Miraflores. El debate se prolongó por días entre políticos furibundos y editoriales. Incluso Fujimori dejó abierta esta posibilidad, ya que se trataba de una medida de impacto y repercusión.
A pesar de todo, este debate ya había sido zanjado en la madrugada del 18 de julio, después que desde el SIN se corriera el rumor que los autores del último atentado habían ido a refugiarse a la Universidad Enrique Guzmán y Valle, La Cantuta.
